¿BORIC o KAST?; power of the people

por Antonio Alvarez Bûrger,  periodista.

Está meridianamente claro que tanto Gabriel Boric como José Antonio Kast, en una suerte de acto de constricción se han visto en la disyuntiva de moderar sus pertinentes discursos de cara a lo que suelen llamar balotaje (quizás a contra voluntad. ¿Quién sabe?). Quedan menos de cinco días para convencer a los que votaron por otras opciones en la primera vuelta (sobre todo por el inefable Parisi), y al 53% de los electores que se abstuvo y que constituye más de la mitad de los ciudadanos de esta alongada y estrecha faja de tierra.

Había por ahí una respetable encuesta postrera que anunció a Kast acercándose a Boric, pero no podemos decir nada porque hay prohibición de hablar o escribir sobre este asunto en específico. No obstante, está en la cabeza de todos que esta segunda vuelta o carrera transcurre -como aseguraba un medio de prensa peruano- de forma vertiginosa, y que lo más sorprendente es que tanto el conservador Kast como el progresista Boric siguen desplazándose desde sus posiciones iniciales al centro político tras el voto moderado, ése que abomina de la violencia y de los extremismos. Mientras tanto, las agujas del reloj parecen moverse con inusitada velocidad.

Alguien dijo hace un tiempo que, como los candidatos que ganaron estuvieron prácticamente atrincherados en sus respectivos terminales y lanzando sus dardos a diestra y siniestra, mientras las demás alternativas estaban más al medio, no cabía otra posibilidad que entrar a moderar la proclama. Había que asumir ya, porque los días corrían desenfrenados, trepidantes, una postura de estadista o repúblico. Recuerdo que algo más o menos así leí hace poco acerca de este tópico a un académico de la Universidad Adolfo Ibáñez.

Pero definitivamente hay una veleidad indiscutible en esto del zigzagueo del voto, lo que no hace posible asegurar que la balanza está definitivamente cargada o inclinada hacia uno u otro lado en este Chile vapuleado. Para ser justos, sin embargo, parece ser un problema planetario, no sólo chileno ni latinoamericano, porque en varias naciones europeas el zarandeo tiene características similares. “El voto actual contemporáneo es muy volátil, movido no tanto por intereses como por emociones, impulsos o miedos, y puede cambiar en muy poco tiempo”, apuntó recientemente el académico del Colegio de Estudios Mundiales de París.

Leí lo que dijo el analista político chileno, profesor de la Universidad de Nueva York, Patricio Navia, quien afirmó que los indecisos no le ponen mucha atención a la política, y que si se deciden a votar por uno de los dos candidatos, los resultados podrían cambiar. Es decir, contradecir lo que señalaran los sondeos públicos del último tiempo.

José Antonio Kast, ex diputado y abogado de 55 años, brega y brega en este momento por quitarse el sambenito de ultraderechista que le pone la prensa. Ahora suaviza y hasta difumina su discurso anterior en ciertas facetas, como aquellas relativas a la mujer, a la que promete fijar como “su prioridad”, y al medioambiente, asegurando que dará “una batalla épica contra la desertificación y el cambio climático”. No obstante, continúa presentándose contrario al aborto y al matrimonio igualitario (los que lo apoyan dicen que eso es consecuencia; sus contradictores lo tratan de fundamentalista). Se muestra hoy como como un celoso cautelador de la seguridad, del control de la inmigración ilegal y del libre mercado, aunque en esto último también moderó su discurso y afirmó que el “núcleo” de su propuesta es “garantizar una vida digna que tiene la base en las personas, no en la economía”.

Por su parte, Gabriel Boric, diputado de 35 años y abanderado de una formación de izquierdas que cuenta con el apoyo del Partido Comunista, llamó para el balotaje a economistas de la centroizquierda y flexibilizó sus ambiciosas metas de recaudación fiscal del 8% del PIB en ocho años, añadiendo ahora una mayor gradualidad. Ha dicho aspirar a la construcción de un modelo de bienestar con pensiones solidarias y un sistema de sanidad universal, pero ofreció también un discurso más cercano a la gente, dando más importancia a temas como la seguridad, el narcotráfico o la inmigración. Su «pecado», a juicio de quienes están pensando «por el mal menor» (en este caso, Kast) es su postura inicial respecto al proyecto que buscaría indultar a los llamados «presos políticos», detenidos durante las protestas sociales de 2019. Se resisten sus detractores a creer lo que sostuvieron después, en el sentido de que no habrá indulto para quienes hayan cometido delitos en el marco de esas marchas, que estremecieron al país. O sea, saqueos, destrucción de los bienes públicos, destrucción de iglesias, universidades, etc. Octavio Avendaño, académico de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, vislumbra en esta moderación el riesgo de que los nuevos programas se vean como “impostaciones de algo que ni siquiera ambos candidatos se creen”.

Suele suceder que una franja del electorado que participa en una elección, no necesariamente participa en la elección siguiente. Ése es el motivo fundamental por el cual Boric y Kast se muestran hoy distintos; porque más de la mitad de los chilenos con derecho a sufragar no lo hizo en la primera vuelta, y hay que ir tras ellos para convencerlos con sus discursos «madurados» al rigor de las nuevas circunstancias. En Chile se anuló la obligatoriedad del voto mediante la Ley 20568. La participación en elecciones presidenciales ha sido del 49,13% en 2013 y del 46,64% en 2017, según las cifras oficiales.

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