Un lejano 1991 conocí la Isla Santa María (Coronel, región del Biobío). Hermoso y apacible lugar. La barcaza llegó a Puerto Sur, donde nos quedamos en la añosa escuela del sector.
El trayecto a Puerto Norte era por un camino de tierra y lo más moderno era la posibilidad de hacerlo en un tractor. En su defecto, había que caminar entre los dos puntos poblados de la ínsula.
Hace poco volví por segunda vez. El avance es notable, desde el punto de vista de la infraestructura.
La antigua escuela de Puerto Sur hoy esta refaccionada y es muy amplia. La vetusta Posta fue reemplazada por un CECOSF (Centro Comunitario de Salud Familiar) que incluye salas de reanimación y atención odontológica, fonoaudióloga, psicóloga, kinesiólogo, entre otros profesionales de la salud.
El camino entre ambos puertos ya no es de tierra y esta pavimentado con adocretos. Además cuenta con un aeródromo, que por cierto se usa cada vez que hay emergencia médica, cuando el paciente se debe trasladar a un hospital del continente.
En Puerto Norte, la antigua escuela, hoy es el Liceo Mariano Latorre y junto a él está el restaurado CECOSF del sector norte.
En definitiva, el avance material es importante. Hoy se cultiva el pelillo que es una alga que se usa para la industria cosmética. Por supuesto la actividad principal es la pesca y la recolección de diversos mariscos. Estos son de primera calidad y limpios.
Pero así como hay un progreso material, también se produjo un deterioro en la convivencia de los isleños. Se consume bastante alcohol, sobre todo los fines de semana. Lo que implica Violencia Intrafamiliar, Manejo en Estado de Ebriedad y otras incivilidades. Ardua tarea para los cinco Carabineros que prestan servicio en el lugar.
TURISMO: TAREA PENDIENTE
En la exploración de la costa chilena que realizó Juan Bautista Pastene, en 1544, españoles debieron avistar la isla. Hay información más detallada de un segundo viaje del mismo navegante, ocurrido en 1550.
Según Pedro de Valdivia, en carta a sus apoderados en la corte, la isla entonces estaba poblada por unos mil habitantes, que recibieron pacíficamente a Pastene, cargando su barco de maíz.
La belleza del sector amerita mejorar la feble infraestructura turística. La isla fue fondeadero de piratas y balleneros. Durante los siglos XVII, XVIII y principios del XIX fue uno de los fondeaderos favoritos de los marinos no españoles que se aventuraban en el Pacífico americano.
Corsarios, exploradores, balleneros y traficantes ingleses, holandeses, franceses y estadounidenses, repostaban agua y víveres en Santa María, tras cruzar el Cabo de Hornos.
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O después de recalar en la Isla Mocha, buscaban informes en Santa María, por su mayor cercanía con centros poblados de Concepción y Talcahuano.
La verdad es que la industria sin maletas puede ser una buena fuente de ingresos para los isleños. Pero no se comprende mucho que el Ferry que los une con el continente le cobré 9 mil pesos a los extranjeros y tres mil a los chilenos.
Las cabañas que hay en Puerto Sur son bastante artesanales y nada de baratas. Es decir, en lo turístico está todo por hacerse en esta ínsula que los lafkenches llamaron Tralka (trueno) y Penequen.

