Don Enrique Tapia Witting en sus clases de derecho procesal siempre destacaba la importancia de una vida austera y quitada de bulla de quienes eran jueces, como era su caso. En esa época Ministro de la Corte de Apelaciones de Concepción.
En realidad él era un ejemplo de eso. Manejaba su propio auto, vivía en una casa de clase media cerca del Barrio Universitario penquista, sus vacaciones eran en Dichato, a veces se iba caminando al estadio Ester Roa, etcétera.
Mal que mal Don Enrique Tapia era un juez por vocación que inició su carrera en una lejana comuna semi rural. En lo árido del derecho procesal, amenizaba sus clases con algunos anécdotas de su época de juez. Algo que nosotros agradecíamos.
Otra de los aspectos notables de este ex Presidente de la Corte Suprema (Enrique Tapia) era que cuando rendíamos el examen anual y no dábamos con la respuesta correcta, él se enojaba consigo mismo, reprochándose que tal vez él no supo explicar bien la respectiva materia.
¿Qué habría dicho Don Enrique con las noticias que dan cuenta que dos ex Ministras de la Corte Suprema están procesadas por “vender” sentencias favorables a ciertos litigantes?.
Creo que habría sentido traicionada una vocación que implica. ni más ni menos, que dar a cada uno lo suyo. Sin mirar ni considerar, posición social, profesión, oficio o capacidad económica.
Cómo olvidar cuando a un aspirante a abogado, alumno suyo, lo mandó a devolver una suma de dinero que le entregó una señora que necesitaba los servicios jurídicos de este procurador poco ético.
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Como ciudadanos sólo nos queda confiar que la nueva Presidenta de la Corte Suprema disponga la limpieza necesaria de este relevante poder autónomo.
De otra forma, la podredumbre y corrupción nos destruirán como país.