Es tan fácil opinar después de la tragedia; algo muy chileno además. Lo difícil es actuar antes, prevenir y prepararse a tiempo. Al respecto no es necesario una ley (tenemos más de 21 mil ), sino que recoger la larga experiencia en catástrofes. Ya se modernizó la antigua ONEMI y en esta oportunidad las alarmas y órdenes de evacuación se entregaban a tiempo, ya que los celulares son monitoreados por GPS y por ende los mensajes llegan en forma oportuna; ¿qué falta entonces?; justamente profundizar la prevención, aunque a veces se sienta que se predica en el desierto. Los planes de manejo de la CONAF se deben aplicar al pie de la letra; verbi gracia, los cortafuegos (anchos y bien hechos) deben ir si o sí.
Frente a la tragedia y el desastre se debe actuar sin ideologismos. En esta oportunidad hemos visto lo peor y lo mejor de lo nuestro. Desde el fulano que se negó a que ocuparán agua de sus estanques de abastecimiento hasta la solidaridad más profunda, como esas heroicas compañías de bomberos viajando cientos de kilómetros para apoyar a las regiones afectadas, así también los voluntarios especializados que han venido desde diferentes países a colaborar, hasta personas que culpan a la industria forestal, porque sus árboles prenden muy rápido o porque tienen el beneficio del decreto ley 701, que venció hace más de 10 años. Hay demasiado pino y eucaliptus?: Sí, pero eso no es lo único; la acción de los desalmados y/o inconscientes de siempre es la principal causa. No estamos frente a una conspiración del sector inmobiliario junto a los forestales. Finalmente es el propio ser, en su versión más miserable o criminal, el gran responsable de estas desgracias societales.