Nuevo gobierno y deuda pendiente con las pymes

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Por Gustavo Ananía Garib, empresario.

Menos burocracia y más certezas para invertir. (pymes) Ese debiese ser el foco del nuevo gobierno que asumirá el 11 de marzo de 2026.

Justo en un escenario que sigue siendo complejo para las pequeñas y medianas empresas. Las pymes no esperan discursos refundacionales ni promesas vacías; esperan reglas claras, proyectos en marcha y un Estado que facilite en lugar de obstaculizar.

No es un tema menor. Las pymes constituyen entre el 97% y 99% del total de empresas formales en Chile, según la Séptima Encuesta Longitudinal de Empresas (ELE-7) del INE.

Además, generan aproximadamente un 65% del empleo formal del país. Sin ellas, simplemente no hay reactivación posible.

Sin embargo, hoy enfrentan un escenario marcado por bajo crecimiento, altos costos operativos y una burocracia que frena la inversión.

Especialmente en sectores estratégicos, como por ejemplo, la construcción. De hecho, diversas inmobiliarias pequeñas enfrentan riesgo de insolvencia debido a la caída en ventas, el alto costo del financiamiento y el término del crédito fiscal IVA a la construcción.

Cuando un proyecto se paraliza, no solo se detiene una obra: se frenan empleos, se corta la cadena de pagos y se debilita todo el ecosistema productivo.

A esto se suma la “permisología”: trámites que se extienden por meses y una excesiva carga regulatoria que termina desincentivando nuevas iniciativas.

En este contexto, aunque el 53% de los chilenos declara sentirse más motivado a emprender con un nuevo gobierno (XIII Encuesta Ecosistema Emprendedor). Esa expectativa podría diluirse si no se traducen en cambios concretos en simplificación administrativa y certeza regulatoria.

El nuevo gobierno tiene una ventana de oportunidad.

Los primeros meses serán decisivos para enviar señales claras: avanzar hacia una ventanilla única digital, acotar plazos de respuesta del Estado y facilitar el acceso a financiamiento.

No se trata de privilegios, sino de condiciones mínimas para que invertir y emprender vuelva a ser una apuesta razonable.

El Estado debe ser un aliado de las pymes, no un obstáculo.

Si el cambio de mando logra traducirse en menos trabas y más ejecución, la reactivación dejará de ser un eslogan y comenzará a sentirse en el empleo, en la inversión y en el crecimiento. Ese es el verdadero desafío económico de 2026.

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