Por José Miguel Ortiz Vera, periodista.
Después de 207 años del Abrazo de Maipú, la gran gesta Libertadora tiene dos imitadores; uno que está ad portas de entrar en La Moneda y otro que, con violenta imagen de mostosierra incluida, habita la Casa Rosada.
Creo que el primer viaje de Kast fuera de Chile, luego de arrasar en el balotaje, fue un poco atolondrado. Los presidentes representan a sus respectivos pueblos y, afortunadamente, la sabiduría de dichos pueblos está sobre los poderes transitorios y a veces coléricos.
Los argentinos, gran país por cierto, optaron por un liderazgo populista y mesianico. Algo del todo entendible luego de la consolidación de una “cleptocracia” grotesca desde Perón en adelante. Sólo recordar que Cristina Fernandez de Kirchner está cumpliendo condena, recluida en su departamento de Palermo. Las pruebas ante la Justicia mostraron que las bolsas de dinero sólo se alcanzaban a pesar (eran demasiados los billetes para poder contarlos) para después ir a parar a un bunker de Cristina en Río Gallegos.
En tanto, nosotros elegimos por primera vez a una persona que votó por Pinochet en el épico plebiscito de 1988. Lo peculiar del ex Presidente Piñera fue justamente eso; un demócrata cristiano de centro derecha que No votó por el ex dictador. Por cierto las señales del mandatario electo han ido en el sentido de intentar un gobierno para todos los chilenos. Si hay algo que Kast tiene claro, es que ya no es candidato. Por ende, ahora viene lo que en Ciencia Política se llama faz arquitectónica, es decir, implementar, desarrollar y llevar a la realidad lo que estaba escrito en su Programa de Gobierno. Tarea titánica.
El triunfo de Kast frente a Jara confirmó, parafraseando a Mark Lilla, el fracaso de una izquierda que dejó de hablar en nombre de la ciudadanía para encerrarse en un dialecto moral, autorreferente e identitario. Una élite política sin experiencia real en lo público creyó posible “refundar” Chile, mediante un proyecto constitucional maximalista, más elogiado en la academia que comprendido en la vida real. En ese gesto existió una convicción peligrosa; que el país debía adaptarse a la teoría, y no la teoría al país.
Pero volviendo a la relación con nuestros vecinos; lo cierto es que la anhelada integración latinoamericana se da en la realidad concreta, a pesar de las trabas burocráticas.
Sólo un botón de muestra; habitantes de la zona lacustre y volcánica de la bella región de La Araucanía cruzan la cordillera por el fin de semana, y más aún si el tipo de cambio es conveniente; llenan el carro del supermercado y también el estanque de “nafta”. Otro ejemplo pedestre; los partidos internacionales de fútbol implican un sereno ir y venir de chilenos y argentinos. Y así los ejemplos llegan hasta el intercambio masivo de bienes y servicios. Sí señor como en la Unión Europea, guardando todas las proporciones.
Lo que ahora corresponde es que ambas naciones cumplan con una integración más real y sin trabas. Esa es la tarea de los líderes que quieren ser estadistas. Estar a la altura de las circunstancias. No puede ser que el proyecto del Túnel de Agua Negra en la región de Coquimbo lleve más de 30 años en carpeta, o que el fallido corredor bioceánico Bahía Blanca – Talcahuano quedó sólo en unos enormes letreros en ambos lados de la Cordillera de Los Andes.
Presidente Kast: ahora es cuando !!, las pueriles fotos con motosierras pueden y deben quedar de lado.