A las 9 de la mañana del día sábado, iban llegando entusiastas los niños y niñas que se aprestaban a participar del cuadrangular de fútbol en la polvorienta cancha del sector Yobilo de Coronel. Lo cierto es que para los pequeños, esa actividad es un tremendo panorama, no sólo por que practican su deporte favorito, sino porque además, se van a medir con otros clubes y ellos saben que “en la cancha se ven los gallos”.

Pero también existe otro loable motivo para asistir; el empuje y ganas que le ponen muchos padres, cuando sus vástagos demuestran cierta habilidad para el deporte rey. En una de esas, el retoño la rompe y termina jugando de verdad en las ligas mayores. Algo que no es de extrañar, porque de cuando en cuando esos casos se dan. Basta con revisar los nombres de algunos participantes: Gary, Alexis, Arturo, Charles, entre otros. Los nombres no son casualidad; representan y evocan a la “generación dorada”, ese puñado de jóvenes que les dobló la mano al destino, quienes de no haber sido “buenos para la pelota”, seguramente habrían seguido inexorablemente el camino de sus amigos o vecinos, desarrollando algún oficio o, tal vez, enfrentando problemas con la justicia.
Por todas las razones anteriores, el apoyo de los funcionarios del Senda Previene coronelino, tiene algún sentido; ayudarles a creer a ese numeroso grupo de niños que, tal vez, el sueño tan anhelado se puede cumplir; jugar profesionalmente el deporte que cada cuatro años convoca y paraliza a todo el planeta. Y entonces, nuevamente, algún Gary o Alexis podrá tocar el cielo con la mano. Por ahora, se llevaron una copa, un diploma y una medalla premonitoria.

