Dr. Ariel Ulloa Azócar, ex embajador de Chile.
En estos días, cuando el autócrata del Kremlin ha hecho sonar de nuevo los tambores de la guerra en la vieja Europa invadiendo Ucrania, la mayoría de los analistas -también el Presidente Biden- hablan de que el objetivo de la ofensiva guerrera de Putin sería restablecer la antigua Unión Soviética, disuelta oficialmente por Gorbachev el 26 de diciembre de 1991, con posterioridad al golpe de Estado en su contra llevado a cabo por los conservadores del Politburó del Partido Comunista de la URSS. Nada más ajeno a la realidad, por cuanto y desde hace tiempo, Putin no ha dejado de alardear con sus conocimientos de la historia rusa y de citar en muchos de sus discursos la grandeza y el poder alcanzado por algunos zares y, en primer lugar, Pedro el Grande, cuyos intentos modernizadores no fueron capaces de llegar más allá de la fundación de San Petersburgo, curiosamente cuna de la Revolución de Octubre, en 1917.
Sin embargo, la idea de que el plan de Putin sería restaurar la fenecida URSS, es errónea. Lo que él verdaderamente pretende, en su desvarío mesiánico, es la restauración del viejo Imperio de los Zares y, por supuesto, con él mismo como heredero y continuador de los Romanoff defenestrados, no por los bolcheviques, sino por los socialistas revolucionarios de Kerensky y los mencheviques en la revolución de Febrero de 1917. Las intenciones del tirano ruso quedan a mi juicio bastante claras en el discurso pronunciado el día 21 de febrero, en el que da a conocer a los rusos las razones por las que Rusia reconoció a las repúblicas “populares” autoproclamadas de Donestsk y Luhansk, anunciando de paso el envío de tropas para “mantener la paz”.

El diario francés Le Monde, en su edición del 23 de febrero ( pág 3) nos ilustra con una reproducción textual de la parte de ese discurso, en la que Putin hace una larga referencia al papel de la Revolución de Octubre en la creación de Ucrania. Señala que “Ucrania, para nosotros, no es solamente un país vecino. Es parte inalienable de nuestra historia, de nuestra cultura, de nuestro espacio espiritual”. Se trata de “rusos y ortodoxos” ( cuestión no menor). Y luego lo central: ”La Ucrania contemporánea fue enteramente creada por Rusia, más exactamente por la Rusia comunista, bolchevique». Y agrega: “Ese proceso comenzó casi inmediatamente después de la revolución de 1917, y Lenin y sus camaradas actuaron de manera verdaderamente poco delicada con Rusia…
Recuerdo que después del golpe de Estado de octubre de 1917, la revolución rusa no fue otra cosa que un golpe de Estado, y con la guerra civil que siguió, los bolcheviques comenzaron a construir una nueva forma de Estado, y desacuerdos aparecieron entre ellos. Stalin propuso crear un país sobre los principios de la autonomía. Entregaron a esas autonomías el status y el aspecto de formaciones estatales nacionales… Pero, “¿cómo se explica esto de salir de un Estado unificado sin la menor condición? Según él, esto se explicaría porque “después de la revolución, los bolcheviques tuvieron como principal objetivo mantener el poder a cualquier costo”.
A mi entender, en este discurso queda entonces claro que la responsabilidad central de la existencia de Ucrania y otros estados independientes que hacían parte de la URSS, es responsabilidad de Lenin y sus compañeros. Por lo tanto, es obvio que Putin no piensa en la restauración de algo que considera una aberración y que lo que él desea es reconstruir lo que existió antes de la Revolución de Octubre, es decir, el Imperio de los Zares. Demás está recordar la conversión de Putin al cristianismo ortodoxo, que es parte de este oscuro proceso que encabeza hoy el ex teniente coronel de la KGB.
