por Rafael Figueroa P. Sociólogo. Mg. en Política y Gobierno. UdeC.
Más allá de las diferencias ideológicas que pudieran existir con Silvio, esta frase hoy resuena con mucho sentido al ver un planeta vivo, que se retuerce y que nos grita en un parto algo más largo de lo común, una época con profundos cambios y sobresaltos. Es la tierra del siglo XXI que nos habla con un grito desgarrador que algo no anda bien, que la tierra es viva, un sistema interconectado e interrelacionado. Donde nuestro actuar individual y colectivo, afecta lo que hacemos y dejamos de hacer, repercute aquí y a kilómetros de distancia, como los efectos producidos por un parto complicado.
La era es nuestra época, es nuestro tiempo, nuestra tierra tiene un dolor, que reacciona ante un conjunto de prácticas autodestructivas en nuestras relaciones sociales y cotidianas. Tanto en decisiones macro políticas como el desarrollo de la matriz energética y de prácticas cotidianas de construcción de infraestructura vial y habitacional en lugares inadecuados, hasta después de haber tenido gritos o señales de la tierra, pero que también se expresan en nuestro actuar societal, donde prevalece el tener por sobre el ser, dualidad en el discurso que en palabras cotidianas podríamos llamar como lenguajear en el discurso de la ironía, del chaqueteo, de pelar como ejercicio habitual.
Hoy quisiera expresar que este impresionante ejercicio de auto exclusión social que estamos viviendo, de respeto por el otro, de preocupación verdadera por los demás, nos llama a re educarnos, a ser solidarios, ser empáticos… pero la canción de Silvio Rodríguez continua: “y hay que acudir corriendo, pues se cae el porvenir”. Debemos tomar decisiones prontas y unitarias, pensando globalmente y actuando localmente.