Buscando aquellas consecuencias positivas que ha dejado esta apocalíptica Pandemia 2020, nos encontramos con la posibilidad de que los procesos educativos tengan continuidad, es decir, la educación remota o virtual, sin duda, llegó para quedarse por siempre.  Ciertamente en un principio costó acostumbrarse a esta modalidad tecnológica y, por cierto, los alumnos siguen extrañando la posibilidad de estar e interactuar con sus compañeros, en otras palabras, ejercer una condición inherente al ser humano, que es su capacidad de socializar y compartir diferentes vivencias y experiencias.

Al respecto, el Sub Gerente de Ventas de CRECIC S.A., Leonardo Vidal, relata la positiva experiencia que ha significado para esta empresa regional, comercializar las Cámaras Jabra Panacast;  “en CRECIC nos abocamos a la tarea de conversar con los protagonistas de los procesos educativos, es decir, profesores, alumnos, apoderados, directivos, etc. Y nos dimos cuenta de lo agotador y estresante que ha sido en esta materia este 2020, pero a la vez, surgieron aspectos positivos de esta realidad;  se logró sacar adelante el año lectivo y hubo un paulatino adecuamiento a las nuevas formas de enseñanza, donde por cierto las Aulas Híbridas o Semi Presenciales han sido todo un éxito, ya que, entre otras cosas, devuelve la Pizarra al profesor, es decir, mediante los lentes de la cámara se abarca perfectamente un ángulo de 180 grados, por tanto, el docente tiene la posibilidad de desplazarse en la sala sin problemas, además, tiene un excelente audio, por ende, permite la interacción con sus alumnos, tanto los que están presencialmente, como aquellos que están conectados desde sus hogares en algunas de las plataformas que se han venido usando; Zoom, Meet, etcétera “, señala Vidal.     Otro aspecto rescatable es que las clases quedan grabadas, por tanto se pueden revisar sin problemas.

El ejecutivo de CRECIC se siente optimista frente al avance de este tipo de solución; “una de las facultades de la Universidad de Chile nos compraron algunas cámaras, porque encontraron que este tipo de alternativa se ajustaba a lo que ellos han definido lo que será este 2021.  También algunos institutos profesionales y Colegios particulares subvencionados han optado por la solución que nosotros estamos ofreciendo”, indica el experto.

Colegios Coemco en Concepción tendrán clases híbridas en 2021: serán presenciales y a distancia | Nacional | BioBioChile

 Por tanto, la enseñanza híbrida, es el resultado de la mezcla de métodos de enseñanza presenciales y online con el fin de mejorar la experiencia del estudiante, lo que puede suceder por medio del modelo de la clase invertida que es una variedad del aprendizaje semipresencial, que tiene por objetivo lograr que los estudiantes gestionen su aprendizaje interactuando con material audiovisual y trabajando de manera colaborativa.

 BENEFICIOS:

La educación híbrida permite que los contenidos de las clases sean más dinámicos y accesibles, ya que el alumno puede elegir de qué forma quiere aprender. La integración de contenidos online y aprendizaje colaborativo de manera conjunta logra mejorar la formación de los estudiantes.

DESAFÍO:

El gran desafío de los profesores, directivos y sostenedores está en facilitar el uso de las herramientas digitales, dar feedbacks a los alumnos en tiempo real y planificar las clases de acuerdo a los datos que puedan ser obtenidos en los ejercicios online, atendiendo a las expectativas de los estudiantes, padres y apoderados.

 

 

El alcalde Antonio Rivas junto al director de salud municipal, Carlos Mariángel, presentaron a la comunidad el anteproyecto de la reposición del futuro Centro de Salud Familiar Chiguayante.

Se trata de un moderno recinto asistencial de 2.495 metros cuadrados,  que estará adosado al servicio de urgencias de la comuna y que permitirá brindar atención de salud a más de 25 mil usuarios.

En la instancia, Carlos Mariángel, director de Salud Municipal, destacó la importancia de modernizar el actual recinto que fue construido en 1971 “El edificio actual del Cesfam tiene más de 49 años de antigüedad, es de la década del 70’ y en aquella época no existía el modelo de salud familiar. Por lo tanto, esta edificación viene a normalizar las brechas en materia de infraestructura, que ha sido una necesidad sentida por parte de nuestros funcionarios y usuarios”.  El profesional detalló que actualmente cuentan con la base arquitectónica de este proyecto que “contempla un edificio de dos niveles con áreas de ecografía, rehabilitación y esterilización, una ambulancia para el traslado de pacientes y más de 40 boxes de atención divididos por sector, en base al modelo de salud familiar en el cual trabajamos”.

Por su parte, el alcalde, Antonio Rivas, destacó los avances de este proyecto anhelado por los chiguayantinos “para nosotros avanzar en esta nueva edificación para la atención primaria es fundamental, no solo por una cuestión estética, sino porque también se otorgan espacios dignos y una adecuada privacidad para nuestros pacientes. En general estos diseños traen además espacios para ser mejor implementados para una atención con dignidad haciendo posible el derecho a la salud de todos nuestros vecinos y vecinos”.

El jefe comunal, enfatizó que “con este proyecto tendríamos modernizado casi todos nuestros centros de salud a nivel comunal, lo que se suma a las distintas edificaciones que hemos implementado como la Farmacia Municipal o el Centro Ruka Antu, y esto es una señal clara de que la salud en Chiguayante es prioridad”. Los vecinos valoraron positivamente la iniciativa que se espera cuente con los recursos necesarios por parte del Servicio de Salud Concepción para concretar las obras de este centro que permitirá mejorar la calidad de vida y los vecinos y vecinas.  

Laura Aravena, Presidenta de la Unión Comunal de Juntas de Vecinos,  señaló “Esto representa para nuestros vecinos un gran beneficio porque les va a permitir acceder a una atención de salud con mayor dignidades.  Nosotros esperamos contar con recursos para que este proyecto se lleve a cabo”.

En tanto, Lita Herrera, Presidenta del Consejo de Desarrollo Local del Cesfam Chiguayante, añadió que “es una gran novedad que no esperábamos tan pronto, si bien aún falta la subvención económica, ya contamos con un avance, así que esperamos que nos consideren a nosotros en la ejecución de este proyecto que va a beneficiar a la ciudadanía de Chiguayante. Estamos muy contentos porque  vamos a contar con una mejor infraestructura, ubicación y atención en un lugar cómodo, seguro y  bonito.  Sin lugar a dudas una excelente noticia.

 

por Marcelo Brunet  (abogado)

Chile vivió a fin del año pasado tiempos convulsionados, marcados por la violencia de insurgentes apoyados en su vandalismo por sectores políticos minoritarios, pero sustentado en el malestar social de una enorme, diría inconmensurable, parte de la población. Millones, sin duda, molestos por la desigualdad de trato y los abusos.

Afortunadamente, a diferencia de otras crisis anteriores de nuestra historia, no acabó en un baño de sangre sino en un modelo institucional, marcado por el acuerdo político.

Recuperarse de las heridas y resolver las causas del malestar social y político acumulado por años requerirá siempre cambios sustanciales: supondrá aprobar la modificación de una constitución cuyo ethos es la lógica de la Guerra Fría, la del presidencialismo exacerbado, la de la desconfianza de la democracia y la del centralismo. Se hace necesario una constitución neutra, no axiológica, en la que se vea reflejada e identificada la inmensa mayoría del país.

Sin duda será un complejo proceso. Por eso es importante aprender lecciones de cómo otros países han resuelto situaciones similares. Una es la experiencia de Sudáfrica en su transición a la democracia y del fin del Apartheid.

¿Por qué mirar a Sudáfrica? Porque su ejemplo podría ser nuestro destino. El clamor de Nelson Mandela desde la prisión de Robben no difiere mucho de las quejas de los millones de chilenos que salieron a protestar a las calles principales del País: Un país igualitario donde todos, blancos, negros, utus, indios y zulus, tengan las mismas oportunidades”. Estudiar su exitosa experiencia de proceso convencional y sus similitudes con la nuestra debería permitirnos concentrarnos en la importancia de los acuerdos y, de paso, devolver la tranquilidad a aquellos chilenos temerosos de lo que el triunfo del Apruebo y el fin de la Constitución de 1980 puedan significar.

Ambos procesos constituyentes nacen de un contexto de intensidad política y social acompañado de violencia insurreccional. Tras haber vivido bajo las leyes del Apartheid durante más de cuatro décadas, y luego de violentos enfrentamientos y matanzas, los sudafricanos consensuaron en 1991 que los ciudadanos eligieran a los representantes de ambas Cámaras del Parlamento, quienes cumplirían además el rol de asamblea constituyente. Un proceso similar al chileno, con la peculiaridad de la existencia en nuestro caso de un órgano distinto, llamada Convención Constituyente, que debatirá por hasta doce meses el texto a proponer a la ciudadanía.

El proceso constituyente sudafricano fijó, igual que en el caso chileno, límites y principios fundamentales que debían ser respetados por el órgano constituyente en la redacción de la nueva constitución. En ambos países no existía una “hoja en blanco” sino un proedimiento previamente reglado. En el caso sudafricano fueron 34 premisas. En el chileno, suponen el respeto a la democracia, a la república, a las sentencias firmes y ejecutoriadas y el respeto por los tratados ratificados por Chile, que incluyen desde el resguardo a la propiedad, la libertad de expresión, la igualdad ante la ley y la libertad de culto, entre otras premisas.

En ambos procesos existe una garantía de “consenso forzoso”: la cláusula de los dos tercios del órgano constituyente para aprobar una norma constitucional, obligó en Sudáfrica a un arduo trabajo de negociaciones entre los partidos políticos que tendió a la moderación. El proceso, una reproducción lógica del dilema del prisionero, problema fundamental de la teoría de juegos, supuso un importante grado de concesiones mutuas, moderación y consenso, no exento de críticas por una parte de las izquierdas.

Ambos países establecieron un sistema de ratificación popular de salida del proceso: en el caso chileno, un plebiscito de salida. La legitimidad y la validez de una constitución deriva de haber sido creada con la autorización y el consentimiento de los gobernados. Como señalaba Thomas Paine la constitución de un país “no es un acto de su gobierno, sino del pueblo que constituye a su gobierno“.

¿Terminó Sudáfrica en un desastre? Claro que no: es un país bastante mejor que el que existía antes del proceso. Desde 1994 han vivido cambios notables en su economía, sus políticas, su educación y las relaciones de sus habitantes. Las reformas económicas han impulsado el crecimiento y la competitividad de sus empresas, la generación de empleo y la participación de estas en el mercado global. El porcentaje de crecimiento del PIB de los últimos años en tendencia positiva evidencia lo anterior. Sudáfrica tiene un asiento en el bloque de economías de los Brics -con Brasil, Rusia, India y China- y es miembro del G20.

La experiencia sudafricana nos enseña, además, dos lecciones útiles para que el proceso chileno funcione. El primero es que debe darse con una amplia comunicación entre la instancia constituyente y la ciudadanía, para lo cual resulta fundamental la participación popular directa, no solo en el proceso de ratificación de la Carta Magna, sino también en su elaboración. En el caso africano, la Asamblea Constitucional generó instancias de participación pública para solicitar opiniones y sugerencias de la ciudadanía.

El segundo es aislar a las minorías que desde el extremismo, llamen al boicot del proceso. En Sudáfrica un sector de la extrema derecha blanca (el Partido Conservador) y otro de la extrema izquierda negra (Organización del Pueblo de Azania, AZAPO) llamaron al boicot electoral, por razones opuestas pero convergentes. El éxito del proceso pasó por dejarlos en su rincón, solos.

El éxito del proceso de Sudáfrica nos permite abrigar esperanzas en el futuro. La constitución de 1993 proporcionó, como señala su preámbulo, “un puente histórico entre el pasado de un sociedad caracterizada por luchas, conflictos, sufrimientos e injusticias indecibles, y un futuro fundada en el reconocimiento de los derechos humanos, la democracia y la convivencia pacífica y desarrollo de oportunidades para todos.”  Y funcionó allá. Acá, podemos abrigar la ilusión del reencuentro nacional, pues como señalara Heinz Klug, ex miembro del Comité Constitucional del ANC, “Hacer una Constitución es el proyecto de construir esperanza.” Exactamente lo que buscamos la inmensa mayoría de los chilenos.

El senador por la Araucanía Francisco Huenchumilla Jaramillo, con el apoyo y las firmas de los senadores Guido Girardi (PPD), Alfonso De Urresti (PS), Carlos Bianchi (Independiente) y Ximena Rincón (DC), ingresó un proyecto de Reforma Constitucional que busca consagrar un “derecho a la salud 2.0”, asegurando que sea “deber del Estado” garantizar el derecho a su acceso “a través de políticas sociales, económicas y ambientales que la promuevan de manera integral”. La iniciativa busca el reemplazo del Artículo 19, numeral 9 de la Constitución Política de la República, que se refiere al derecho a la salud, y cuya redacción –según lo expuesto en la propuesta–, protege actualmente “la libertad de elección (…) el deber constitucional del Estado de asegurar las condiciones del mercado, y no de asegurar derechos sociales”, indicó el legislador democratacristiano.

De ser aprobada, la reforma constitucional declararía el concepto de salud como “un derecho de todas las personas”, donde sea deber del Estado garantizarla “a través de políticas sociales, económicas y ambientales”. El acceso a las acciones de promoción, protección y recuperación de la salud y de rehabilitación de las personas sería “universal e igualitario”, y se realizaría “a través de un Seguro Nacional de Salud”. A la vez, explicó que la reforma integra una propuesta global de cuatro pilares: “Lo primero es universalizar y unificar los sistemas de aseguramiento de la salud, Fonasa, Isapres y Fuerzas Armadas, en un único sistema de seguro público. Ello, con la consiguiente unificación de todas las fuentes de financiamiento, disminuyendo paulatinamente las cotizaciones ligadas al trabajo, y aumentando el aporte del Estado vía impuestos”, manifestó.“En tercer lugar, se propone crear un Plan de Salud Universal, que proteja a todos y todas con una cobertura integral de prestaciones y, en cuarto lugar, se plantea que transformemos las Isapres, haciéndolas transitar desde su actual rol sustitutivo, hacia un rol de seguros complementarios o suplementarios de carácter voluntario.

 

“La Gaba” falleció en Ciudad de México, donde ambos construyeron un hogar que sirvió de inspiración para las novelas más emblemáticas del escritor colombiano.

Fue su “brazo derecho”, no solamente por estimularlo “sino por manejar de verdad la economía familiar”.

Murió Mercedes Barcha, viuda de Gabriel García Márquez

Barcha, conocida como la Gaba, estuvo casada 56 años con el ganador del Premio Nobel de Literatura, quien falleció el 17 de abril de 2014 en la capital mexicana.

Mercedes Barcha, viuda del nobel colombiano de Literatura Gabriel García Márquezmurió este sábado a la edad de 87 años en Ciudad de México, confirmaron fuentes de su familia.

El fallecimiento de Barcha, llamada cariñosamente “La Gaba”, fue confirmado a EFE por Gabriel Torres García, sobrino del nobel, fallecido el 17 de abril de 2014 también en Ciudad de México.

“No sabemos mucho pero sí podemos confirmar la veracidad de la noticia. Uno de los hijos le contó a una hermana que vive en Cartagena y los familiares nos enteramos enseguida”, expresó Torres García.

Por su parte, la Fundación Gabo, creada por el Nobel colombiano manifestó: “Mercedes Barcha falleció en la mañana de este sábado, 15 de agosto, en su residencia en Ciudad de México, donde se estableció con Gabo en 1981. Tenía 87 años“.

La Fundación recordó que Gabo y Mercedes se casaron en 1958 en Barranquilla y “fruto de su matrimonio nacieron Rodrigo García Barcha, destacado director de cine y televisión (…) y Gonzalo García Barcha, diseñador, pintor, tipógrafo ilustrador y editor de libros, licenciado en Bellas Artes de la Parsons School of Design en Nueva York”.

“La Fundación Gabo, su director general, Jaime Abello Banfi, y su Consejo Rector lamentan profundamente el fallecimiento y acompañan en este momento de enorme tristeza a la familia y allegados de Mercedes Raquel Barcha Pardo, viuda de su fundador, el nobel de literatura colombiano Gabriel García Márquez, y madre de Rodrigo y Gonzalo García Barcha, miembros de su Junta Directiva”, agregó la institución.

EL AMOR ETERNO DE GABO

Mercedes Barcha Pardo nació el 6 de noviembre de 1932 en Magangué, en el departamento caribeño de Bolívar, y tenía ascendencia egipcia por línea paterna.

Barcha fue el complemento perfecto de la dedicación de su esposo a las letras, pues según relató alguna vez Jaime García Márquez, hermano del Nobel, fue su “brazo derecho” no solamente por estimularlo “sino por manejar de verdad la economía”.

Y citó como ejemplo una de las anécdotas más entrañables en la historia de la pareja: el empeño de las joyas familiares de Mercedes para permitir que García Márquez pudiera encerrarse a escribir “Cien años de soledad”.

“Esa novela es hechura de Gabito, pero con ayuda de Mercedes por tantas cosas”, señaló Jaime García Márquez.

El propio Gabriel García Márquez recordó en una entrevista que cuando terminó el libro él y su esposa lo llevaron al correo con la intención de enviarlo a la editorial en Buenos Aires.

“Eran 700 páginas, entonces lo pesaron y dijeron que costaba 83 pesos de México a la Argentina. Y Mercedes me dijo, no tenemos sino 45. Mira es muy fácil: partí el libro por la mitad y le dije: ‘péseme este libro hasta 45 pesos’. Pesaron hasta 45 pesos y estaban hojas como quien corta carne. Cuando llegó a 45 pesos agarré esas hojas, las envolví y las mandé y nos quedamos con el resto“, dijo.

Agregó: “Entonces nos fuimos a la casa y Mercedes sacó lo último que faltaba por empeñar, que era el calentador que yo usaba para escribir -porque yo puedo escribir en cualquier circunstancia menos con frío-, el secador que usaba para la cabeza y la batidora, se fue con eso al Monte de Piedad y le dieron unos 50 pesos”.

Relató que regresaron “con el resto de la novela al correo, la pesaron y dijeron: ‘Cuesta 48 pesos'”.

Mercedes pagó sus 50 pesos, le dieron 2 vueltos y yo me di cuenta de que cuando salimos del correo estaba verde del encabronamiento y me dijo: ‘Ahora lo único que falta es que esta novela sea mala’“, contó Gabo en una ocasión sobre las vicisitudes de su obra cumbre antes de alcanzar el éxito.

A seis meses de haber arrasado en los pasados Premios Oscar la película surcoreana “Parasite” ya tiene fecha para su llegada al streaming latinoamericano: este 1 de septiembre debutará en Netflix.

Así lo anuncia la compañía en el apartado “Próximamente” de su plataforma, donde la obra de Bong Joon-ho aparece como destacada. “Uno a uno, los astutos miembros de una familia sin recursos comienzan a desempeñarse como personal doméstico en la casa de una adinerada y privilegiada pareja“, es la descripción que tiene la cinta.

En febrero pasado “Parasite” dio la sorpresa en los Oscar al quedarse con los premios a Mejor Película Internacional, Mejor Guión original, Mejor Director y Mejor Película.

Si bien no se ha confirmado el listado completo, entre los estrenos que Netflix tendrá en septiembre también destacan la película “The Devil All the Time”, “Pienso en el final” de Charlie Kaufman y “The Post” de Steven Spielberg.

por Andrés Palma I. (economista, ex diputado)

   Buscando información sobre la Economía del Donut o de la Rosquilla, que promueve la economista Kate Raworth, me encontré con el blog de la Asociación Autonomía y Bienvivir, que recordaba las clásicas tres parábolas de elefantes y me resultaron muy aplicables a nuestra realidad.

La primera, “los ciegos y el elefante”, es una parábola con origen en la India, y trata sobre un grupo de hombres ciegos que tocan el cuerpo de un elefante para comprender como es. Cada uno de ellos toca una parte distinta, pero solo una parte, tal como su costado, su cola o su trompa. Luego ellos comparan sus observaciones y se dan cuenta que no coinciden en nada.

En una sociedad desintegrada, como la nuestra, las distintas visiones parciales dificultan el comprender la realidad que vivimos. Se ve distinto Chile desde sus regiones del Sur, que desde La Chimba en Antofagasta, o del set televisivo que muestra sólo un país sin problemas. Es distinto el elefante de los conventillos que el de la Clínica Las Condes y que el de la villa controlada por los narcos.

La segunda parábola es “no pienses en un elefante”. Basta que te digan que no pienses en un elefante para que comiences a pensar en el paquidermo. Es una forma de construir realidades desde el lenguaje y de imponer una visión desde una ideología, tal como ocurre hoy con los mensajes subliminales desde la televisión y las redes sociales.

Desde La Moneda nos dicen permanentemente que no pensemos en elefantes. Por ejemplo, cuando dicen que hay que reducir el número de parlamentarios, lo que disminuiría fuertemente la representación social, y sólo marginalmente el gasto público, y al mismo tiempo se aumentan Ministerios y subsecretarías que, en algunos casos, tiene las mismas funciones.

Pero, también, antes de llegar al gobierno lo hicieron. Nadie creía que Chile podía llegar a estar como la Venezuela de Maduro si ganaba un candidato o candidata de centroizquierda, pero hablar de Chilezuela les permitió triunfar en la segunda vuelta.

Así también construyen el escenario Jadue versus Lavín, y tienen éxito en que, con ingenuidad política que no corresponde a sus años y trayectorias, ex ministros y dirigentes afirmen que el problema de Chile es el comunismo.

“Hay un elefante en la habitación”, es la tercera parábola. Expresa la idea que hay verdades evidentes que no vemos o no queremos ver.

Nadie vio venir el 17.O, pero el elefante estaba en la habitación. Tampoco entendieron que entregar migajas y a cuentagotas llevaría al retiro del 10%. Es que, al parecer, mientras más grande es el elefante, menos lo vemos. Así, también, estamos cayendo en manos del negociado de la seguridad y del narcotráfico.

Las parábolas también son aplicables al proceso que vive el país. Es evidente que la mayoría rechaza la actual conducción y no está conforme con la sociedad como está hoy, pero los partidarios del cambio, teniendo al elefante en la habitación, unos le ven la trompa, otros la cola y uno que otro su enorme magnitud, pero quedan ciegos ante el desafío de entender que hay que entenderse.

Los ciudadanos y ciudadanas quieren que haya cambios de manera ordenada, como cuando salimos de la dictadura, pero unos agudizan la violencia al negarse a reconocer los derechos vulnerados de otros, mientras otros, por querer acelerarlo todo, dan la razón a los que dicen, no pienses en un elefante. Tenemos la necesidad de tener una misma visión del elefante que tenemos en la habitación. No podemos no pensar en él.

El proceso constituyente, con su hoja en blanco y sus dos tercios, es la oportunidad de construir esa visión común.

por Ernesto Moreno B.  (Dr. en Sociología)

La modernidad “reconceptualizó” la idea y práctica democrática que habíamos heredado desde las tradiciones griegas. Lo hizo, por un lado, impregnándole su proyección universal y convirtiéndola en uno de los indicadores más relevantes de una sociedad políticamente moderna y, por otro lado, colocando en su centro el principio de representatividad como vinculación entre el pueblo y la autoridad.

Pero el mundo y el desarrollo de las sociedades han experimentado inéditos cambios, de manera que los procesos e implicancias que hoy subyacen a las decisiones en torno al poder, se han hecho complejas y, a modo de una muestra del proceso de aculturación, las diferentes ciudadanías han ido forjando y exigiendo un protagonismo en la construcción de su destino.

Todo esto, en medio de una globalización succionante, de un capitalismo voraz y de mediaciones político-institucionales que provocan importantes frustraciones en las demandas de la gente.

Paralelamente, parece haberse olvidado que la democracia no es solamente algo procedimental, sino también y sobre todo, un modelo y estilo de vida, esto es, consta de un espíritu fundado en valores que inspiran y orientan las acciones de sus actores.

Al respecto, muchas democracias del mundo, y por cierto la nuestra, han sido infiltradas por una hegemonía valórico-cultural distorsionadora y contraria al mencionado espíritu y fundamento democrático. Los valores y el marco cultural capitalista han operado fomentando acciones y conductas individualistas, competitivas y con aspiraciones sin límites que son la antítesis del bien común, la solidaridad y la inclusión, entre otros.

A medida que entramos en el s.XXI, la democracia sigue siendo el régimen más preferido por la gente (el menos malo dicen otros), sin embargo, la percepción y evaluación de la misma ha ido en franco declive. De una u otra forma, la democracia está siendo puesta a prueba en sus fortalezas, en la confianza en sus instituciones y, a las finales, en su legitimidad.

La última encuesta Latinobarómetro nos indica que en América Latina, entre el 2008 y el 2018, la insatisfacción con la democracia pasó de 51% a un 71% y, en el caso de Chile, un 84% piensa que la democracia tiene problemas  y un 74% de chilenos expresa que se gobierna para beneficio de unos pocos poderosos.

Es nuestra impresión que en algunos países, y el nuestro no sería una excepción, se ha alcanzado un cierto punto  que nos indica que la arquitectura del modelo contractualista existente se ha tornado insuficiente para satisfacer las fundadas y legítimas demandas sociales, las que en su cantidad y calidad no son más que una ilustración de la frustración y rebeldía frente al sistema.

Chile parece estar llegando al climax de esta situación como resultado del movimiento social de octubre del 2019 y la pandemia actual que recorre dramáticamente el territorio. Se trata de dos sucesos, que aunque de génesis diferente, terminan reforzándose y catapultando una más que plausible agudización de las tensiones sociales.

El corona virus, no solamente ha dejado en evidencia la fragilidad y vulnerabilidad humana, sino también ha desnudado lo obsoleto del modelo socio-económico que ha predominado entre nosotros las últimas décadas.

Después de un innegable esfuerzo transformador del segundo gobierno de la presidenta Bachelet, el que por lo demás se vio en varias oportunidades dificultado por los propios partidos políticos que la apoyaban, el poder político cayó en manos de una coalición política encabezada por Sebastián Piñera que, tanto frente al Estallido social como en relación a las consecuencias de la pandemia en la vida física y económico – social de las personas, ha dejado al descubierto el marco ideológico y valórico que lo inspira, lo que se ha plasmado en lo que muchos han destacado: medidas insuficientes que, además, llegan siempre tarde.

Se trata de un gobierno cuya mezquindad e inoperancia  le ha impedido cubrir la urgencia  y garantizar, en tiempos extremadamente críticos, las seguridades  y el bienestar mínimo de la gente.

Cuando un gobierno se niega, pudiéndolo hacer, a este compromiso social básico, está no solamente fallando en la práctica de un humanismo del que tantas veces ha vociferado, sino que pavimenta un camino con suficientes trizaduras como para que  los pilares de la democracia, ya cuestionados como hemos analizado anteriormente, se vean aún más debilitados.

Es el propio Jürgen Habermas, hablando de la crisis, quien nos recuerda que éstas alcanzan preocupantes dimensiones, cuando las estructuras sociales se tornan incapaces de resolver satisfactoriamente las diferentes demandas que son necesarias para su conservación.

Chile encara, de manera “recargada”, la alternativa de transformarse en un país justo y solidario o mantener, disfrazar y/o reforzar la insostenible situación actual, que ha sido diagnosticada por diversos organismos y publicaciones.

Es nuestra convicción que la democracia chilena superará su crisis y tomará rutas más estabilizadoras, solo en la medida que se tenga el coraje y la voluntad política de construir e implementar, con la unidad del progresismo y el máximo de actores sociales, un programa de transformaciones y reformas socio-económicas y culturales que alteren significativamente la actual estructura social.

La debilitada y cuestionada democracia chilena, para decirlo en términos de Proust, tiene una oportunidad de ir en busca del tiempo perdido, sin caer en ningún extremismo ni descontrol.

En este camino, el proceso constituyente, partiendo por el plebiscito, se convierte en el condicionante por excelencia para la implementación de dichos cambios.

Cualquier intento de transacción y/o aparecimiento de fórmulas extrañas para mimetizarlo o desplazarlo, debe ser rechazado categóricamente. Por lo demás, es el propio pueblo quien constituye el gran custodio para que esto no suceda.

por Adolfo Zaldívar Palma.

La sociedad chilena está al borde de un colapso total, veo con preocupación que quienes estamos en riesgo no estamos dando el ancho en nuestra conducta y que, quienes profesamos los valores de la libertad y la dignidad humana como forma de vivir en sociedad, no estamos siendo todo lo liberales, dignos y solidarios que deberíamos ser.

Por esto mi llamado es, a que ya es tiempo de ponernos por delante, como en cada crisis extrema que hemos enfrentado como país.

Equivocados están quienes culpan de la crisis económica a la pandemia, como equivocados están quienes acusan al gobierno de la crisis económica.

Lo digo de corazón, porque Chile no es un país con mala suerte, que sería la única explicación satisfactoria para entender por qué, todos los que saben cómo resolver los problemas que nos aquejan están en la oposición y todos los ineptos en el gobierno; y lo que es peor, por qué los que hoy día están en la oposición no resolvieron los problemas cuando gobernaron.

La respuesta es otra: el problema económico, la crisis social, la politicidad, la faz agonal permanente y el oportunismo, son defectos que no están vinculados patrimonialmente a ninguna tendencia ideológica y a ningún partido político. Son, sencillamente, cuestiones de naturaleza humana.

Creo que la manera de enfrentar esta situación no es la confrontación. No es el reproche. No es la soberbia. No es el palmoteo cínico. Es enfrentar las cosas con la verdad y me permitiré humildemente decir algunas hipótesis:

  1. La primera verdad incontrastable es que nadie en el planeta es experto en coronavirus.
  2. Aparentemente, ya hay dos países en el orbe que están enfrentando re-brotes de la pandemia por lo que, esperar y prepararnos para que este sea un drama aún más largo que el peor escenario imaginado por el más pesimista, parece ser una situación real
  3.  Estas inhumanas cuarentenas -que están amparadas científicamente, no lo discuto-, pueden permitirnos zafar del coronavirus. Pero ¿existe alguna medida de precaución para las mentes de nuestros conciudadanos y evitar que se enfermen y contrarrestar el miedo y el colapso emocional? En este punto no hay que ser desagradecidos de la ayuda que han dispensado distintas organizaciones, desde el gobierno hasta personas tremendamente sencillas que aportan con un paquete de arroz a su vecino
  4. Las autoridades deben reconocer que las órdenes drásticas han demostrado ser demasiado inefectivas como para poder justificar su alto impacto en la sociedad. No se trata aquí de reprochar los altos niveles de incumplimiento de cuarentenas que se informan, pues el acento debe estar puesto en el 99 por ciento de la población que sí las respeta y con un altísimo esfuerzo y un inconmensurable costo emocional, personal y familiar
  5. Las cuarentenas radicalizadas deben dar paso a la confianza en la responsabilidad de cada ciudadano. Los números avalan esta tesis, con una altísima capacidad de fiscalización
  6. Debemos avanzar en educación sobre responsabilidad ciudadana. En estos 4 meses las autoridades (gobierno central y municipios de todas las ideologías, en general) han perdido una oportunidad enorme de educar en asuntos como el distanciamiento social, favoreciendo, mientras no hubo cuarentenas, que funcionarios municipales debidamente protegidos, asumieran, previamente capacitados, una conducta de educación amistosa que fuera gratamente acogida por la comunidad. Los carabineros o miembros de los cuerpos militares que, con extremo cansancio producto de larguísimos turnos, fiscalizan con su mejor actitud y mayor amabilidad a los ciudadanos en cumplimiento del deber que se les ha encomendado, pero es naturaleza humana acoger, de mejor manera, una conducta educativa frente a la labor fiscalizadora y potencialmente sancionadora
  7. No puedo dejar de pensar en un internet de la mayor perfección y calidad imaginable, elevado a la categoría de servicio básico en todos y cada uno de los hogares chilenos, con lo que se potenciaría el teletrabajo y la entretención intradomiciliaria
  8. El teletrabajo quizá es una de las buenas medidas que llegó para quedarse. ¡Hoy en día hasta juicios se pueden hacer por teleconferencia! ahorrando gran cantidad de recursos al estado y a los particulares que, por supuesto estos recursos deben ser reasignados. Las sesiones del congreso, las sesiones de la Corte Suprema, audiencias, reuniones de directorios, juntas de accionistas, consejos de profesores… son tantas y tan variadas las actividades que hoy se han reinventado. En este punto también hay que ser justos, pues hay situaciones como el funcionamiento de los tribunales que requirieron reformas legales sustanciosas que se hicieron a la perfección
  9. Generar diseños de programas y espacios recreativos comunitarios, educar en el distanciamiento social, abrir espacios a la construcción de parques, zonificarlos, sin duda serán agradecidos por un chileno de 8 años en el presente año
  10. Un alto porcentaje de las muertes en todas las regiones se localizan en asilos, según han informado las autoridades sanitarias, aceptemos la prohibición de las visitas a residencias de ancianos, pero, agradezcamos a las instituciones que se han preocupado de evitar esta soledad y han llevado conciertos musicales a las afueras de los recintos, tal como lo ha hecho el orfeón de carabineros
  11. Veamos cómo se hace, pero debemos tomar la decisión de trabajar en el diseño de un modelo que permita que los niños de 6 años funcionen de la manera que hoy exige la dura realidad que enfrentamos. Hoy en día se estima que es imposible mantener la distancia física aconsejada entre menores de 15 años. Pues bien, hace unos pocos millones de años nadie concebía el fuego, hace unos cientos de años nadie concebía la imprenta, hace unas pocas decenas de años llegamos a la luna, hace algunas decenas de meses se comenzó a desalinizar el agua del mar para subirla a los desiertos y usarla en minería… apurémonos en encontrar la forma de poder hacer lo que hoy se estima imposible. Estoy seguro de que, si callamos a los estrepitosos y a los oportunistas, nos encontraremos con un silencio que nos permitirá pensar mejor
  12. Evitemos los viajes no esenciales, trabajemos cuanto podamos en casa y no salga de su casa si tiene más de 70 años. Estos parecen ser, por supuesto, consejos más que razonables. ¡Deben ser reglas obligatorias!
  13. Antes teníamos el problema de ciudades congestionadas y afecciones respiratorias por contaminación ambiental. Ahora, quizá qué porcentaje de los trabajadores desarrolla sus labores desde casa ¿Cuántos más podrían hacerlo si se mejora lo que hay que mejorar…? Los viajes en transporte público han disminuido ¿en cuánto? Pues lo suficiente como para poder disfrutar de la luz del sol. El tránsito en las calles también… ha bajado tanto como para poder apreciar la arquitectura de nuestras ciudades
  14. ¿Qué más se puede decir? Gracias por la paciencia de leer mis palabras. Sólo para terminar y antes de insistir en que debemos realmente reformularnos como sociedad, desde la educación y el autocuidado, quiero dirigirme con todo respeto al gobierno, esta vez ustedes deberán ser superiores a otros gobernantes, porque les tocó un momento especial. Las cifras de popularidad, la aprobación ciudadana, las encuestas y la reelección, hoy no son el tema de la tabla del día. El tema del día es la vida: la de sus madres, hermanos, esposos, novias, colaboradores, amigos, la del cura del barrio, la del señor del almacén, la de cada uno de nosotros. Actuemos con la rapidez que se comporta esta pandemia, como única forma de enmendar un rumbo que de por sí es vertiginosamente incierto. Por Chile. Por nuestros hijos. Por la patria.
A sus 71 años, el crítico literario y abogado conversa con The Clinic sobre el encierro que dice no ha sido fácil para él. Su necesidad de sociabilizar y mantenerse en contacto con otros lo ha llevado a desatender el llamado a confinamiento. También cuenta cómo ha sobrevivido a la tecnología, el exceso de pantallas y las cátedras universitarias online. “Es un horror constante”, sentencia.

Para concertar una entrevista con el crítico literario, novelista y abogado Camilo Marks (71) tuve que mandarle un mail. La respuesta fue rápida y extensa. Recojo de la misiva de carácter privado un comentario: “Yo creía que The Clinic había cerrado… Felizmente estoy equivocado”.

Al otro lado, en su Mac nuevo que, según advierte, no sabe usar, responde un cuestionario que poco ahonda sobre la realidad nacional y sí pretende profundizar en las vicisitudes que ha debido sortear en estos tiempos pandémicos. Después hablaremos por teléfono para aclarar nuevas dudas: ¿Se aburre Camilo Marks?, ¿cómo se lleva con el encierro y la tecnología?, ¿extraña a sus alumnos?, ¿le teme a la muerte? Algunas las responde, otras las sortea con ironía.

Le pido una foto para esta publicación y manda un retrato donde algún alumno suyo lo dibujó “judío, frágil y con carita de Woody Allen”, dice. Por mail también cuenta que está durmiendo un promedio “de 12 a 14 horas diarias”. Excusa esa prolongación del sueño diciendo que “uno no se puede pasar todo el día leyendo, viendo películas, teleseries y pelotudeces por el cable”.

Retrato en dibujo de Camilo Marks por el estudiante Nicolás Noli.

También reconoce que no ha sido muy responsable con la cuarentena, pues recién hace un mes y medio que está conscientemente “guardado” y sólo hace dos semanas cayó en cuenta de que atravesamos una situación realmente grave. “Tuve que cambiar las sesiones de psicoanálisis presenciales por videollamadas. Comprenderás que un tipo como yo si no se hace psicoanálisis termina asesinando a medio mundo”, dice.

¿Cómo se sienten esas sesiones online?

-Bien, ya llevo cinco o seis sesiones por videollamada. Ni puta idea cómo funciona Zoom ni Skype, además lo encuentro muy invasivo. El único salvoconducto que estaba sacando era para ir a ver a mi terapeuta a Las Condes, a la altura de Escuela Militar, y era realmente como Varsovia ocupada por los nazis. Mirabas para acá (en dirección al centro de Santiago) y era una ciudad totalmente normal. Creo que se nos pasó un poco el tejo.

¿Por qué? Veo que no te tomaste muy en serio lo de respetar la cuarentena.

-Al comienzo no me lo tomé muy en serio y creo que nadie se lo tomó muy en serio. La verdad es que todavía no me lo tomo muy en serio. No sé, encuentro tan extraño lo que está pasando. Uno lee tanta tontera en esa plataforma de la estupidez y el exhibicionismo llamada Facebook.

¿Cómo estás llevando el encierro?

-En realidad no sospecho cómo lo llevo ni a qué me dedico: ya no soporto leer, odio, detesto los libros, los voy a quemar todos. Veo Facebook y empiezo a atacar el computador a martillazos, miro el mail y tengo que calmarme con electroshocks, el otro día estaba tan aburrido que vi un concierto de Pavarotti de dos horas, ¿qué se puede hacer? A veces estoy solo, otras muy mal acompañado.

Camilo Marks. Crédito: Rodrigo Fernández.

¿Qué ha sido lo más difícil del confinamiento?

-Yo vivo solo hace bastante tiempo, pero soy muy sociable. Te voy a decir una frase para el bronce: me parece que la soledad y la sociabilidad son tremendamente compatibles. Es que en serio, soy muy sociable, muy sociable. Salgo mucho, me junto con mucha gente, soy amigo de mis exalumnos, tengo cerca una pareja de amigos y uno de ellos es exalumno mío, y de repente me traen comida a la casa. Soy muy sociable, muy sociable. Entonces esto de estar obligado a estar encerrado, a veces estar dos o tres días sin salir a la calle, para mí es muy difícil. A veces bajo al almacén de la esquina a comprar puras huevadas solo para conversar con personas.

¿De qué forma resientes el encierro?

-Me ha afectado en lo cotidiano: estoy como ese personaje de García Márquez -en Cien años de soledad-, Rebeca, que se come el yeso de las paredes. Y creo que el virus es una conspiración de la Santa Sede en contra mía.

Entonces esto de estar obligado a estar encerrado, a veces estar dos o tres días sin salir a la calle, para mí es muy difícil. A veces bajo al almacén de la esquina a comprar puras huevadas solo para conversar con personas“.

¿Y con qué matas el tiempo? ¿Qué ha captado tu atención por estos días?

-Me entretengo estudiando lenguas muertas y practicando el serbocroata. Mato el tiempo cocinando fideos que terminan en engrudo. Nada me ha llamado la atención, salvo los maravillosos rostros televisivos.

¿Te aburres?

-Hablando en serio, nunca jamás me he aburrido. En cuanto al confinamiento, tuve una época mística, en la que me interné en un monasterio trapense y en una de esas, vuelvo.

¿Cómo ves este escenario en el que estamos? ¿Te preocupa?

-Mira, es incuestionable que el gobierno ha manejado pésimo la crisis. Para mi salud mental, trato de no ver las noticias, aunque es imposible mantenerse al margen. Por otra parte y aunque esto signifique que muchos me van a quitar el saludo, no creo que otro gobierno lo hubiese hecho mucho mejor. Supongo que es imposible que hagamos las cosas como en Nueva Zelanda o Suecia. Desde luego que nuestro escenario es lamentable y se empeora más todavía cuando vemos que quienes tienen el deber de tranquilizarnos, dan palos de ciego.

¿Crees que nos deja alguna lección lo que está ocurriendo con el coronavirus en Chile? ¿O al final del día eres de los que cree que esto no nos va a cambiar para nada?

-Para mí, la lección más evidente es que la pandemia es un castigo de la naturaleza por todo lo que hemos hecho y seguimos haciendo para destruirla, agotar sus recursos, convertirla en un basurero universal. Sin embargo, no soy pesimista y tal vez esto despierte la conciencia de muchos.

Supongo que es imposible que hagamos las cosas como en Nueva Zelanda o Suecia. Desde luego que nuestro escenario es lamentable y se empeora más todavía cuando vemos que quienes tienen el deber de tranquilizarnos, dan palos de ciego.

¿Piensas en la muerte como una posibilidad cercana?

-Ni me asusta ni me preocupa ni me interesa para nada la muerte. Obviamente, comenzando la setentena, estoy mucho más cerca de ella que tú. Así y todo, lo considero un tema más bien literario.

¿A qué te refieres con que es un tema literario?

-Leo muchas huevadas, muchas tonteras. Pero también leo cosas para mí, para entretenerme, pero tampoco puedo estar leyendo todos los días. Bueno, ahora estoy releyendo “Cien años de soledad”, un libro que no leía hace mucho tiempo. Ahí hay mucha gente que se muere, pero que vuelve de la muerte. En ese sentido me parece que es un tema más literario que otra cosa. Ahora, yo particularmente no le tengo miedo a la muerte. O sea, tampoco tengo ningún interés en morirme. Pero hace treinta años que no me resfrío.

VOLVER AL DULCE DE ALCAYOTA

Las cátedras de Camilo Marks son un secreto a voces entre los estudiantes de periodismo, literatura y publicidad. “Histriónico”, “teatrero”, “entretenido” y “jovial”, son algunos de los epítetos que se ha ganado en la docencia universitaria. Hasta el día de hoy mantiene un curso optativo de cuarto año sobre crítica literaria en la Universidad Diego Portales.   Cuenta que ante la contingencia no le queda otra que hacer clases por correo electrónico, ya que no entiende “ni jota” de Zoom y Skype. Entonces manda trabajos, los recibe y manda feedback de vuelta. También ha realizado dos sesiones por video y le quedan dos más para cerrar el semestre. Dice que las eclass han transformado una experiencia que para él es vital y que hoy, desde el encierro, añora.

Camilo Marks. Crédito: Rodrigo Fernández para libre reutilización.

¿Qué le pasa a Camilo Marks en un mundo tan tecnologizado como el de hoy?

-Soy un absoluto tarado computacional, a cada rato me queda un desastre tras otro, tengo un celular “inteligente” hace pocos meses y ahora compré un Mac que apenas puedo usar. Si estuviera en mi poder, volvería a las máquinas de escribir, al cine en blanco y negro, al dulce de alcayota.

Alumnos que te han tenido de profesor te recuerdan como alguien muy activo e histriónico. En tiempos de le teleclases, ¿cómo te has tenido que adaptar? 

-Por correo electrónico, pues soy incapaz de utilizar cualquiera de esos inventos de ahora. Me he visto obligado, eso sí, a grabar un par de sesiones, en un estilo parecido al que me salía en el programa de TVN, Hora 25. Viene Óscar, un periodista que trabaja para la escuela y que fue alumno mío de la Usach hace muchos años. Se instala en la casa, entonces tengo que limpiarla… Hice una limpieza a fondo hace una semana, bueno, limpieza a fondo relativamente, los pisos no están flamantes, pero las baldosas de la cocina y el baño son una mierda por las pisadas. Y bueno, me graba mientras estoy sentado. Hablo 20 ó 25 minutos sobre uno de los temas de mi curso, pongo un bolero antiguo y después hablo de algún video que les haya mandado. El bolero de Ravel o cualquier otra cosa.

Soy un absoluto tarado computacional, a cada rato me queda un desastre tras otro, tengo un celular “inteligente” hace pocos meses y ahora compré un Mac que apenas puedo usar. Si estuviera en mi poder, volvería a las máquinas de escribir, al cine en blanco y negro, al dulce de alcayota”.

¿Eres un nostálgico del aula? 

-Me encanta, me fascina, me entusiasma hacer clases. El contacto personal con muchachos y muchachas jóvenes me estimula, me hace sentirme vivo, me rejuvenece. Y bueno, como pienso que nada hay más entusiasmante que el entusiasmo, es posible que se los transmita a mis incautas víctimas.

¿Y cómo son ellos?

-La gente que toma el ramo es porque ya me conoce y está interesada en el tema. Ese Pablo Picasso que te mandé (el retrato en dibujo) me lo hizo un alumno flacuchento hace dos años. Nicolás Noli, me acuerdo de él. Era un curso de 32 alumnos y eran dos hombres en plena revolución feminista. Estuvieron a punto de degollarnos, así que tuvo que ponerse feminista rabioso. Y me mandó un trabajo con ese dibujo añadido. “Tendría que ponerte un 7, pero tu trabajo tiene algunos defectos”, le dije en ese momento. Pero en general, los cursos míos son de buena calidad, en el sentido que siempre son de cuarto año, ya llevan años estudiando y escribiendo, entonces cometen errores de puntuación, pero no errores garrafales. Es un gusto. ¿Pero te digo algo? Para mí, la clase es esencialmente presencial.

El contacto personal con muchachos y muchachas jóvenes me estimula, me hace sentirme vivo, me rejuvenece. Y bueno, como pienso que nada hay más entusiasmante que el entusiasmo, es posible que se los transmita a mis incautas víctimas.

¿Qué es lo que más te gusta de hacer clases?

-Mira, son muchas cosas. Tengo muchas diferencias con las generaciones actuales, por supuesto, podrían ser hijos míos. Pero me gusta mucho como es la gente joven ahora. Ese desparpajo, ¿me entiendes? La falta de prejuicios, no hay discriminación entre alumnas lesbianas o gays. Eso en mi época era totalmente impensado. Me gusta también la cara que ponen con las tonterías que yo les digo.

¿Qué pasa con el diálogo con los estudiantes? ¿Siguen teniendo sentido para ti clases en este nuevo formato?

-Ya te dije que me parece que tan mal no he funcionado. Incluso en algunos casos hemos hecho amistades, con las que desarrollamos programas de gobierno, reorganizamos las FF.AA. que sólo admitían mujeres, sustituimos a la Corte Suprema por un grupo punk, fundimos los ministerios de Economía y Hacienda, eliminando el dinero e implantando el trueque, ¿sigo?…

Me gusta mucho como es la gente joven ahora. Ese desparpajo, ¿me entiendes? La falta de prejuicios, no hay discriminación entre alumnas lesbianas o gais. Eso en mi época era totalmente impensado. Me gusta también la cara que ponen con las tonterías que yo les digo.

¿Cuesta mucho mantener el “encanto”?

-Por mail trato de mantenerlo, pese a todo, pero ponte en mi lugar. Yo soy absolutamente tarado. Hace dos noches, cuando estaba haciendo la crítica para El Mercurio, no podía cerrar el computador, simplemente no lo podía cerrar. No me cerraba y eso que es un Mac, que lo estoy pagando todavía y que me costó un disparate. Entonces claro, yo trato de mantener la frescura, la vitalidad. Como te habrás dado cuenta, soy bastante vital. Si me conocieras, te darías más cuenta todavía. Entonces trato de mantener eso, pero es totalmente imposible.

¿Te ha pasado algún bochorno con tus estudiantes?

-He tenido bochornos espantosos, tales como, en lugar de mandarles las notas, enviarles películas pornográficas. Ahora, hablando en serio, tengo la impresión de que me las he arreglado de manera pasable, pero absolutamente nada reemplaza a la clase presencial.

Camilo Marks. Crédito: Rodrigo Fernández para libre reutilización.

¿Te frustras con la tecnología de repente?

-No me frustro, es un horror constante. De repente borro todo, pierdo documentos importantes, deshago lo que quiero conservar, aparecen voces de ultratumba que me ofrecen ayuda, la pantalla se repleta de fotos de gente anónima, ¿no es una pesadilla?

En ese sentido, ¿cómo observas nuestra relación con la tecnología, sobre todo en estos tiempos?

-Los inventos siempre han generado una euforia que luego se disipa. Con el telégrafo se pensó que las comunicaciones serían inmediatas; el teléfono, la radio y la televisión hicieron creer que terminarían las guerras…Internet es, por cierto, algo portentoso, aun cuando temible. Mientras te escribo, se están creando decenas de miles, cientos de miles, tal vez millones de aparatos nuevos. Y esto, o sea, la tecnología de la obsolescencia permanente, produce adicciones superiores al alcoholismo, la nicotina, las drogas.

De repente borro todo, pierdo documentos importantes, deshago lo que quiero conservar, aparecen voces de ultratumba que me ofrecen ayuda, la pantalla se repleta de fotos de gente anónima, ¿no es una pesadilla?

La última entrevista con el Clinic fue durante el estallido social. ¿No te parece medio esquizofrénico el paso del tiempo?

-Claro, se olvidaron las protestas, se olvidó todo. ¿Quién va a ir a juntarse a la Plaza Italia ahora? Yo vivo muy cerca del epicentro, entonces toda la gente se venía arrancando para acá. Hasta el piso 12, donde vivo, me llegaba la bomba lacrimógena y el ruido y todo eso… Era bien duro, pero se vivía, ah. Se vivía. Tú y yo vivíamos, no estábamos enclaustrados, no estábamos encerrados en este monasterio.

¿Añoras esa libertad?

-Bueno, claro que sí. Y tú también, ¿no? Pero va a pasar, yo creo que va a pasar.

(gentileza de The Clinic)