Torre de Tesla en el Parque O”Higgins; demasiado talento… !!

El taco pre Pandemia de aquella noche invernal de 2019, provocó que con mi amigote Pepe, llegaramos a la segunda canción del recital en el Movistar Arena del Parque O¨higgins, pero de inmediato fue como entrar a una liturgia musical llena de simbolismos, donde el artista principal; Charly, iba dictando  magistralmente los tiempos y las pausas. “Soy el que enciende y el que apaga la luz…” Algo muy diferente a lo que fue, por ejemplo, aquel frenético recital de 2004 en el estadio Víctor Jara, donde, además de partir con 50 minutos de atraso, todos los temas fueron intencionalmente más rockeados que de costumbre, lo que implicó un concierto muy rápido, casi sin interrupciones y donde la electricidad y los fuertes decibeles no dejaron indeferentes a los fieles asistentes charlystas.

 

Esta vez, la historia fue distinta, los conciertos siempre son una apuesta: Charly puede hacer un show muy breve o dejar al público con sensación de alegre banquete… que fue lo que sucedió aquella noche de junio santiaguina.

Es que el genio de la música, ofreció una de las mejores performances de La torre de Tesla, la serie de shows en vivo que inauguró en el Teatro Coliseo en febrero de 2018. Aunque para contextualizar, en extensión, intensidad y sorpresas, la más reciente se podría equiparar a la de agosto 2018. Si bien en aquella ocasión acabó su repertorio con “Shisyastawuman”, tema del disco Cómo conseguir chicas, que desempolvó tras 19 años de su interpretación en el mismo lugar, en esta oportunidad se despidió con una de sus canciones más autobiográficas, amén de tangueras- milonguera: “Total interferencia”. Lo que nuevamente sirvió de advertencia acerca de la brillantez de un artista popular fuera de serie.

No obstante que podría haber caído en el lugar común de sentenciar su show con un puñado de hits hiperkinéticos, tras dejar prendido fuego al público con “Nos siguen pegando abajo”, García, apelando a uno de los pasajes del tema que cierra su disco Piano bar (1985), viola todo lo que ama para vivir. De hecho, al bajarle un cambio a los bises, el músico se hizo, premeditadamente o no, de un espectáculo cíclico, así como hermoso y digno para ser atesorado por la “Banda de Say No More” en la memorabilia recitalera. La liturgia arrancó poco después de las 20.30 con otra canción autorreferencial, que se tornó en el puntapié inicial de La torre de Tesla: “De mí”. Sin embargo, esta vez el despliegue del telón encontró al ex Serú Girán con la guitarra acústica en mano, por lo que la obertura de Filosofía barata y zapatos de goma (1990) tomó un matiz folk. Luego de saludar a la audiencia al mejor estilo de la realeza europea, oscilando la mano derecha, Charly avanzó con “La máquina de ser feliz” y “Rivalidad”.

Más tarde apareció “Yendo de la cama al living”, que dejó en evidencia la efervescencia de un grupo de amigos, ubicado en las primeras filas, que vivió todo el recital como si fuera una gira de estudios, al que le secundó “In the City That Never Sleeps”, amén de la excelente acústica que posee el movistar Arena. Después de presentarla como una canción que hizo hace cinco o seis años en un “fuerte día de patria”, en medio de un desliz silencioso alguien del público le recordó: “te queremos !!”, a lo que Charly, ataviado de un humor a la altura de su obra, le devolvió: “Ya lo sé”. Seguidamente, sonó la viola eléctrica para hacer “Cerca de la revolución”, que le abrió la cancha al “pobrecito” “King Kong” y “Lluvia”. Entonces era momento para sumergirse en un clásico de aquellos: “Parte de la religión”. Una vez que quedó atrás “Cuchillos”, en el que evocó pantalla mediante a Mercedes Sosa, el músico rescató una de las perlas negras de su discografía: “Canción de 2×3”.

Antes de ejecutar el tema del disco Yendo de la cama al living (1982), una esfera espejada, típica de las discos, bajó del techo del teatro, lo que parecía anticipar el tramo fiestero de la fecha. No obstante, aconteció lo contrario: “Canción de 2×3” es uno de los temas más existencialistas de García. La ambientación se convirtió en una metáfora de la belleza que encierra la oscuridad. Aunque luego vinieron los rayos, los de La torre de Tesla erigida en el escenario, para arengar “El aguante”. A estas alturas de la noche, este prócer del rock latinoamericano terminó de consumar la columna vertebral del repertorio base de esta serie de shows, en la que dialogan su pasado glorioso y su presente honorable, para entregarse al desconcierto. Y es que Charly tiene la virtud de quemar las cortinas y encenderse de amor, tal como versa el tema que vino a continuación, “Rezo por vos”, al que le sucedieron “Demoliendo hoteles” y esa especie de himno “Nos siguen pegando abajo”.

“Buenas noches, fue un lindo viaje”, lanzó Charly antes de irse. Pero los chilenos, que agotamos las entradas tras el anuncio de este increíble capítulo, se plantó, lo invocó y consiguió, pese a la incertidumbre que genera cada despedida suya, que regresara. Apareció de nuevo el team de García, del que deslumbró una Rosario Ortega que supo estar en cada detalle. Ella, junto a “los chilenos” y el Zorrito Von Quintiero, detonaron el flamante “Break it Up”, que se enganchó con “El día que apagaron la luz” (el éxito del retorno de Sui Generis), “I’m not in Love” y “Asesíname”. El ídolo entró en estado de ignición en “Ojos de videotape”, amparado por David Bowie en las pantallas, y ya en “Total interferencia” abandonó la cápsula, paulatina y sigilosamente.  Lo cierto es que los miles de asistentes quedamos inmóviles, nadie quería abandonar la cúpula del parque O”Higgins, concientes de que nadie sabe si está será la última cena.

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